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Biografía

¿Quieres saber algo más sobre mí?

¿Quién soy?

Soy David Fajardo, un estudiante de informática y aficionado a los ordenadores desde los siete años. Nací en la ciudad de A Coruña, aunque en el habla siempre le he quitado esa letra (o las dos si me salía en castellano). Tardé muchos años en tener Internet en casa, así que cuando necesitaba ayuda para solucionar un problema con el PC, tenía que apañármelas solo, con los discos de programas y sistemas operativos que un familiar me había regalado, lo que al principio supuso una faena, pero a la larga desembocó en varios años de experiencia que incluso me fueron útiles en los ciclos formativos que cursé, el medio de Instalaciones de Telecomunicaciones y el superior de Administración de Sistemas Informáticos en Red, aparte de todos las incidencias que reparé a terceros a lo largo de mi adolescencia.



¿Cómo surgió El último elemento?

Comencé a ver anime (exceptuando las series que la mayoría vimos de pequeños) en el año 2008, con 17 años. Una de mis primeras series fue Sora no Otoshimono, una historia de ángeles con poderes que ayudan a unos humanos, vencen a sus enemigos... nada nuevo bajo el sol. Me gustó bastante, pero durante años me quedé con la espina clavada de que varios acontecimientos podrían haber sucedido de otra forma y habrían hecho más interesante la historia, o al menos diferente. En el año 2012 tuve mi primer trabajo (en una empresa de fontanería y electricidad) en el que estaría tres años, y mientras me dirigía allí cada mañana, de vez en cuando mi mente se ponía a trabajar por sí sola pensando en sucesos alternativos que podían haber acontecido en aquella serie, maneras de alterar la historia. Esto se fue repitiendo, cada vez con más frecuencia y, cuatro años más tarde, un día al volver a casa, me di cuenta de que lo que tenía en la cabeza en esos momentos ya no era una simple modificación de aquella historia, sino una trama completamente diferente con otros personajes, otros objetivos... Así que me dije ¿por qué no escribirlo? Nadie me obligaba, lo haría por mero ocio, sin prisa alguna, y al terminar podría publicarlo en alguna plataforma apta para este tipo de contenidos. Así lo hice: un año más tarde, en 2016, un buen día de verano terminé de escribir la novela que había empezado con tanta ilusión y que al final se había convertido en algo más que un simple pasatiempo, no como YouTube, del que nunca estuve 100% seguro de que sería una afición definitiva, y eso precisamente fue lo que no fue. Desde entonces, aparte de hacer un ciclo medio, trabajar otro año más y empezar el ciclo superior de ASIR, me he dedicado principalmente a corregir la novela, buscar las posibles lagunas de la historia, cambiar algún detalle... y hasta el año 2019. Se ha retrasado más de lo que esperaba en un principio, pero me alegra mucho ser consciente de que en ningún momento he perdido la ilusión de que este proyecto (y los que están por venir) vea la luz.



¿Por qué una novela de fantasía?

Desde siempre me ha gustado todo lo relacionado con la magia, los mundos fantásticos y su infinito abanico de posibilidades, por lo que no es de extrañar que la inmensa mayoría de mis futuros proyectos literarios sean también de temática fantástica.



¿Qué novelas has leído?

Entre otras que no son de fantasía, claro, la saga completa de Deltora, dos de los siete libros de Harry Potter (saga que tengo pensado terminar, pero surgió de una forma bastante excéntrica), Alas de fuego y negras, de Laura Gallego (autora que descubrí con esos dos libros y desde entonces no he podido soltar), la trilogía de Memorias de Idhún...



¿Siempre te ha gustado la lectura?

No, por eso siempre pienso en mí como el ejemplo perfecto de cómo la vida puede dar un giro radical o cómo se pueden tardar años en descubrir una auténtica afición. Desde pequeñito mi madre intentó que cogiera hábito lector, hasta el punto de regalarme un libro cuando tenía 8 años: La bruja de chocolate, de Purificación Menaya, y obligarme a leer un capítulo cada día y hacer un resumen al terminar cada uno. El libro era totalmente adecuado para mi edad, hasta el punto de que en la contraportada podía leerse el texto A partir de los 8 años, pero eso no impidió que al cabo de unos días mi madre terminara desistiendo, ya que vio que lo único que mostraba era recelo. Tras eso nunca más volvió a intentarlo. Con los 14 años cumplidos, un día cualquiera que estaba aburrido hasta los límites, no se me ocurrió otra cosa que ordenar mi habitación, y cual no sería mi sorpresa al encontrar el mismo libro que mi madre me había obligado a leer seis años atrás. Terminé de ordenarlo todo y comencé a leer el libro. Sin que ella me dijera nada, sin presiones de ningún tipo por parte de nadie. Lo terminé al día siguiente y lo volví a empezar, para así leerlo dos veces seguidas. Seguía sin entusiasmarme la lectura, pero es algo que nunca olvidaré, porque demuestra que el contexto es muy importante a la hora de hacer algo. Tal como escribí varias preguntas más arriba, será en el año 2015 cuando esta pequeña semilla florecería en todo su esplendor.

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